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El proyecto consiste en la rehabilitación y el refuerzo de la estructura metálica de un edificio de once plantas situado en la provincia de Alicante. Realizando unas obras de reforma en uno de los bajos comerciales del edificio, se descubre que los pilares metálicos que conforman la estructura se encuentran afectados por patologías. El cliente contacta con nosotros para que vayamos a echar un primer vistazo al estado. Una vez allí, comprobamos que todos los pilares descubiertos del local en obras están oxidados, y esta oxidación ha provocado la corrosión de los mismos, con el consecuente desprendimiento de lascas metálicas, de diferentes espesores. Ésto implica una pérdida de sección resistente, por lo que se toma la decisión de llevar a cabo una actuación de emergencia en el edificio que va a consistir en el apeo de la carga de los pilares que presentan un peor estado.

Una vez inspeccionadas las plantas del edificio, y tras realizar una serie de catas, se comprueba que las patologías estructurales se encuentran localizadas en la planta baja, en los dos locales comerciales existentes. Por lo tanto, es aquí donde se centra el ámbito de la obra. La primera intervención consiste en apuntalar el forjado de la planta primera, para así eliminar algo de la carga que llega a los pilares, que compensará los esfuerzos que tendrán que hacer para el proceso de apuntalamiento. Éste consiste en la unión de dos pilares consecutivos mediante una viga que en caso de fallo de alguno de los pilares funcionará como una palanca, transmitiendo los esfuerzos de uno a otro pilar y también al terreno.

Una vez apeados los pilares de su carga, podemos intervenir sobre ellos sin riesgo. Se le aplica un tratamiento para eliminar la corrosión y para controlar la oxidación, que consiste en su chorreado mediante granalla de silicato de aluminio, que limpia el pilar, desprende toda la zona corroída y deja a la vista la sección resistente de acero. Después de esto se pintan con un mortero que protege al acero de la humedad, detiene la oxidación y que servirá como puente de unión entre el acero y el hormigón, ya que la solución de refuerzo adoptada es el encamisado del pilar mediante hormigón armado, de tal forma que se multiplica por tres la resistencia actual de la estructura. Para ello, en la base de los pilares se realiza una pequeña zapata que ayudará a disipar la carga que transmite el pilar a las zapatas existentes, y éstas al terreno. Sobre ella arranca el refuerzo de hormigón armado, consistente en una armadura que abraza al pilar en toda su altura, que posteriormente se hormigonará en dos fases para poder eliminar el apeo durante el proceso. Actualmente se están reforzando los pilares del local que se encontraba en obras. Posteriormente se realizará la misma operación en el otro local existente en el edificio.